VOCACION:


·        UN LLAMADO DE AMOR


·        UNA RESPUESTA DE AMOR


·        UN CAMINO A SEGUIR…

Muchos definen la vocación como una inclinación  que experimenta una persona  hacia una forma de vida o un trabajo. Se dice por ejemplo “Esta persona desde muy joven manifestó  vocación para cuidar animales” De esta manera la vocación  está en sintonía con LOS ANHELOS, LOS GUSTOS, LOS INTERESES de la persona.

La palabra vocación, viene del latín “ vocatio” que significa llamado.

Hablar de vocación es hablar del ser más profundo que existe en la persona.

La vocación hunde sus raíces en la “escritura Santa” y se fundamenta en Dios, conductor de nuestra vida y de nuestra historia.
1.      DIOS LLAMA A LA VIDA: el primer estallido de AMOR de Dios  es llamar al hombre y al universo a la VIDA.

“En el principio creo Dios  los cielos y la tierra, la tierra era algo caótico  y vacío, tinieblas cubrían la superficie de la tierra…”  Gn. 1,11

Desde ahí que, la vida cobra un valor importantísimo, AMAR LA VIDA, RESPETAR LA VIDA Y LUCHAR POR LA VIDA, son gestos éticos de la persona humana, pues la vida no nos pertenece, es un don GRATUITO del creador.
2.      DIOS CREA AL HOMBRE Y LO LLAMA A SER PERSONA.

“Y creo Dios  al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó: Hombre y mujer lo creo” Gn. 1,27

Así la vocación esencial de todo hombre es ser PERSONA, su dignidad radica en haber sido “creado a imagen y semejanza de Dios”.
Por esta razón  toda persona merece ser valorada y respetada en su dignidad, no importa la raza ni el color de su piel. “La persona vale por lo que es no por lo que tiene”

3.      DIOS DA UN TERCER PASO: Establece una relación de AMISTAD  con el hombre, y le manifiesta en todas  sus formas su amor.  “Se hace amigo del hombre y la mujer” Forma un pueblo y a este pueblo Dios le da una vocación especial: Permanecer fiel a su  A LA ALIANZA.

“Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo”. Ex. 19,5

La historia de la salvación esta tejida  de múltiples LLAMADAS Y RESPUESTAS.

En el amor que Dios tiene por su pueblo, elige a algunos para confiarles una misión especial a favor de ese Pueblo así:

·         ABRAHAN.  Dios lo invita a partir para hacerlo jefe de un gran pueblo.

“Vete de tu tierra, y de tu Patria, y de la casa de tu  Padre, a la tierra que yo te mostraré, de ti haré una nación grande  y te bendeciré “Gn.12, 1-2

·         MOISES: Dios lo escoge para sacar a su pueblo de la esclavitud a la liberación.

“He escucha el clamor de mi pueblo…. Yo conozco sus sufrimientos….Yo te envío para que saques  a mi pueblo de la esclavitud. Ex.3, 7ss

·         LOS PROFETAS: Los llama para “hablar en su nombre y  para recordar  las promesas entre Dios y su pueblo, para enderezar y corregir. Por tanto la misión de los profetas tiene doble finalidad; ANUNCIAR Y DENUNCIAR.

4.      LA VOCACION EN EL SEGUNDO TESTAMENTO, Está ligada a la formidable pedagogía de Jesús que llama y acompaña a sus discípulos.
En el primer capítulo de Marcos encontramos a Jesús haciendo un llamado a LA SANTIDAD, A LA CONVERSIÓN a toda la gente que le seguía.

“El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la buena nueva” Mc.1,14-15. A la multitud que le seguía le hace un llamamiento a la SANTIDAD.
Más adelante Jesús entre-saca de la multitud que le seguía, a algunas, personas, para confiarles una misión especial  “Ser pescadores de hombres” Mc.1, 17

Continuando con el texto de San Marcos, nos encontramos con el llamamiento que hace Jesús  a los 12 Apóstoles. Marcos 3,13 ss,  así:

·         Jesús  sube a un monte – a orar

·         Llamó a  los que El quiso,

·         Para que estuvieran con El y

·         Para enviarlos a predicar…

·         Instituyó a los doce…

·         Cada uno por su nombre….

Algunas características de este llamado que hace Jesús a sus discípulos:

Jesús llama:

1.       gratuitamente- La vocación un llamado gratuito de Dios. “ No sois vosotros  quienes me habéis escogido, si no yo quien os he escogido” Jn. 15,16

2.      A  los que El quiso. Dios llama y da la capacidad para la respuesta.

3.       y confía una misión. La misión que les confía es el anuncio del reino de Dios. “Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva de la creación” Mc.16,15.

4.      A cada uno por su nombre. Cuando Dios se fija en alguien para hacerle un llamamiento especial, lo llama por su nombre y le indica a través de diversos medios el camino a seguir. Llamar por el nombre es darle importancia a la persona. Para Dios nosotros no somos fichas.

5.      A quienes llama, los convierte en sus discípulos que aprenden de su maestro  a:

·         AMAR- “ Amaos los unos a los otros como yo os he amado” Jn.15,12

·         A PERMANECER UNIDOS: “Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre , allí estoy yo en medio de ellos” Mt. 18,20

·         A SER FUETES EN LA FE: “Hombres de poca fe porque teméis ?Mc. 4,40

·         A SERVIR SEGÚN SU ESTILO: “El que quiera ser el primero que sea el último y el servidor de todos” Mc. 10,44.

·         A PERDONAR: “ Señor cuántas veces debo perdonar?... hasta setenta veces siete” Mt.18,21-22

El Bautismo nos injerta a Jesucristo, nos introduce a la comunidad eclesial y nos posibilita para  vivir LA VOCACIÓN a la cual hemos sido llamados .Ef.4,1-6



CONCLUSION: La vocación es un don gratuito de Dios, exige una respuesta libre, sincera, responsable y siempre inspirada por el AMOR

Sor Blanca Libia Tamayo, HC.


FILOSOFADO Y TEOLOGADO
2012


" El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres". El dueño de la mies ha regalado a la Congregación de la Misión tres nuevos presbíteros y siete diáconos.Ordenados el 12 de agosto de 2.012 en el Seminario Mayor Villa Paúl, Funza-Cundinamarca




EL TESTIMONIO CREIBLE ABRE LA MENTE Y EL CORAZÓN DE MUCHOS AL DESEO DE DIOS Y A LA VIDA VERDADERA
 “Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin”. (PF: 15). Esta frase del papa Benedicto XVI me ha parecido muy diciente y significativa para comenzar esta reflexión. Creo que sintetiza lo que el papa ha venido diciendo sobre el llamado de Dios: “el testimonio que suscita vocaciones”. Creo que debemos convencernos de una frase bíblica: “La cosecha es abundante”. Hoy nos quejamos de que no hay vocaciones consagradas y sí, hay que decir vocaciones consagradas, pues también se nos olvida que la vocación no se puede reducir al ámbito clerical o de la vida consagrada, incluso, este término de vida consagrada, puede también estar limitando la vocación o reduciéndola a unos estados de vida o estilos de vida. Es importante poner mucho cuidado, pues bien sabemos que la vocación se extiende a todos los ámbitos de la vida. Uno de ellos, es la familia como don de Dios y vocación. Lugar donde se teje la vocación. El papa Benedicto XVI en su mensaje para este año de la jornada mundial de oración por las vocaciones nos trae como tema las “Vocaciones don de la caridad de Dios”, con ello quiere decirnos, que la vocación del hombre consiste en la conciencia de ser hijos de Dios, de sentirnos amados por él y ser capaces de comunicar este amor a la humanidad en la que se hace presente el rostro de Cristo sediento de paz, de justicia y amor. La vocación es dejarse amar por Dios amando.
En el 2002, en Pamplona, España el obispo Fernando Sebastián Aguilar decía: "No hay vocaciones", sería más exacto decir "que vocaciones sí hay, porque Dios sigue llamando para todo aquello que la Iglesia y el mundo necesitan. Lo que no hay son respuestas”. Si la cosecha es abundante, quien la va a recoger, esta es la cuestión. Pero si no hay quien la recoja, dirán algunos. La convicción y la conciencia de esta realidad teologal tienen que impulsarnos o lanzarnos a recoger lo que Dios ya ha sembrado en el corazón de cada persona. Qué puede estar fallando. Seguramente vamos a encontrar muchas causas del fenómeno. El papa Benedicto XVI en Roma les dice al clero: “El Señor llama siempre, lo que falta es la escucha”. Pero pienso que la falta de escucha no es tanto de los que el Señor quiere llamar sino más bien de nosotros los iluminados que nos cerramos a sus palabras, favoreciendo, en el fondo, intereses egoístas. Cuando esto se da, se cae en el desanimo, en la falta de iniciativas, en la falta de inventivas. En otras palabras, sigue fallando la metodología en la que insistía el Beato Juan Pablo II, cuando hablaba de la Nueva Evangelización: ardor, métodos y expresiones. No hay metodologías sino hay unas convicciones firmes, no hay caminos sin opciones y compromisos bien delineados.
La realidad en la que viven muchos llamados no es muy favorable. Se hace difícil escuchar entre tanto ruido la voz de Dios o será qué es en este ruido  cuando tengo que esforzarme por escuchar a Dios. Aun así, el mejor ambiente es el silencio interior y quiero citar una vez más al obispo antes citado: La voz de Dios se oye sólo cuando hay un cierto grado de silencio interior, es una voz íntima, que resuena sólo a cierta profundidad de uno mismo. El que vive volcado sobre el exterior, acaparado y seducido por las cosas exteriores no puede oír la llamada de Jesucristo. Si uno no se pregunta para qué está en el mundo, qué es lo que de verdad vale la pena en la vida, qué quiere Dios de mí, nunca llegará a percibir ni formular una respuesta. Donde no hay pregunta tampoco llega la respuesta.

Estamos ante varias realidades a las que debemos hacerle frente. De que nos sirven puntos de referencia, de que nos sirve estar iluminados, de que nos sirve haber recibido tantos años de formación, de que nos sirve hablar de los pobres, de que nos sirve… si no nos esforzamos, en primer lugar, por revitalizar la apertura del corazón y de la mente a los designios de Dios. Nuestro compromiso de cristianos es una realidad que debemos asumir y mucho más nuestra consagración, la que no debemos descuidar por ningún motivo. Revitalizar significa recrearla constantemente, de tal manera que nuestras convicciones y opciones no se vayan a pique. Lo segundo, es una consecuencia de lo primero, el testimonio creíble, del que tanto han hablado los últimos papas. El mundo de hoy nos cuestiona terriblemente, muchas veces sin razones, pero nos cuestiona, y esto de alguna manera tiene que ser un llamado de Dios, especialmente a nosotros los “iluminados”, que fácilmente nos dejamos embotar la mente de las luces oscuras del relativismo que nos conducen a abandonar nuestra vocación. El reclamo que se escucha es a volver al amor primero, frase que en un tiempo se hizo común y que hoy es una necesidad de abordarla efectivamente. El papa nos muestra el itinerario para que esto, que puede estar mal en nuestra vida como consagrados se revitalice:
1. Confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza.
2. Celebrar la fe en la liturgia con intensidad y ardor, especialmente la Eucaristía.
3. Vivir conforme a nuestra fe, de tal manera que nuestro testimonio sea cada vez más creíble.
4. Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y orada
5. Reflexionar sobre la fe profesada, para dar razón de nuestra esperanza “con el corazón se cree y con los labios se profesa”.
La segunda parte de la frase tiene que ver con muestro compromiso, que podría decir, es una consecuencia lógica de aquel actuar, es casi por añadidura: “abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera”. En el contexto de la pastoral vocacional, nos referimos especialmente a muchos jóvenes deseosos de infinito y que quieren darle sentido a sus vidas. Nuestra Congregación en Colombia que está próxima a celebrar el primer centenario como Provincia constituida debe tener como prioridad el trabajo permanente, constante y fiel por las vocaciones para asegurar la vida de la Provincia y su continuidad en la historia, esto será posible si hay en nosotros sus miembros un auténtico sentido de pertenencia expresado en la identidad como vicentinos, en la vivencia de las virtudes vicentinas, en la relación fraterna de amigos y hermanos, en el compromiso desinteresado con el pobre, en la escucha de la Palabra encarnada que nos habla en los acontecimientos, en la oración personal y comunitaria y en la celebración del misterio eucarístico. Somos responsables de una herencia, pero hacen falta herederos a quien otorgarle este gran legado que Vicente de Paul nos dejó. Po eso, el futuro de la Provincia comienza desde ya, en la medida en que nos comprometamos desde ahora, a salir al encuentro del joven, a invitarlo a vivir una experiencia de fe en Jesucristo, a inquietarlo en su corazón, a proponerle a Jesús evangelizador de los pobres al estilo de San Vicente, y sobre todo, a sorprenderlo con nuestro testimonio que suscita vocaciones.
Que María, modelo de fe, esperanza y caridad nos acompañe en la tarea de la pastoral vocacional y que interceda para que muchos jóvenes inquietos en su corazón, descubran a su Hijo Jesucristo como la puerta de entrada a la fe autentica que los conducirá a ser moradas de la presencia de Dios entre los pobres.
P. Luis Hernando Gil Yépez, c.m.
Director Pastoral Vocacional Vicentina
LA PUERTA DE LA FE
DE SU S.S. EL PAPA BENEDICTO XVI
11 de octubre de 2011

“Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente”

Desde que el papa Benedicto XVI entró como sucesor de Pedro a dirigir la nave de la Iglesia ha tenido la preocupación por ahondar en las virtudes teologales: “Spe salvi”, “Deus caritas est”, y , “Porta fidei”. En el fondo, esta carta puede ser una síntesis del tríptico: fe y razón, fe y vida, y fe y obras.
Como siempre, parte de la realidad que él ha percibido, y la menciona en varios de sus documentos y homilías, es el relativismo moral y religioso. En una de sus visitas a Croacia recordaba la frase del cardenal mártir y beato Luis Victor Stepinac “Uno de los mayores males de nuestro tiempo es la mediocridad en las cuestiones de fe. No nos hagamos ilusiones. O somos católicos o no lo somos. Si lo somos, es preciso que se manifieste en todos los campos de nuestra vida”.
En fin, consciente de esta realidad eclesial, el papa por iniciativa y autoridad que le compete, nos regala esta Carta Apostólica con la que quiere convocar el año de la fe. Lo quiere hacer en el contexto de la celebración de los 50 años del Concilio Vaticano II y los 20 años del Catecismo de la Iglesia Católica promulgado por el papa Juan Pablo II. Se inaugura el 11 de octubre de 2012 y se clausura el 24 de Noviembre del 2013, solemnidad de Cristo Rey.

El objetivo de esta carta, se convierte en “una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único salvador del mundo”. Este llamado a la conversión es causa -advierte el Pontífice- de lo que “Sucede hoy con frecuencia, que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común” y peor aún, es negado. En otras palabras, la fe es una realidad que no tiene incidencia ni trascendencia en la vida de las personas y de muchos que se dicen cristianos, es la fe sin olor y sin sabor, oculta en la realidad. Es crisis de fe.
La invitación es a no dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta. La Palabra de Dios es la respuesta a los muchos interrogantes, ella es el alimento que hará degustar la fe en la Persona de Jesucristo e iluminará lo que está oculto en las tinieblas del error. La fe en la palabra revelada transformará la mente y el corazón del hombre y crecerá en la medida en que sea donada en el amor: “La fe crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica” “la fe se fortalece dándola” “La fe sólo crece y se fortalece creyendo”.
La meta final del año de la fe la expresa el papa en el numeral 9: suscitar en todo creyente la aspiración a confesar la fe, Intensificar la celebración de la fe en nuestra liturgia, testimoniar con nuestra vida para ser más creíbles, y reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree. Se resume en cinco palabras: Redescubrir, celebrar, vivir, rezar y reflexionar la fe.
En esta carta el papa enfatiza, valiéndose de las palabras de Pablo: “con el corazón se cree y con los labios se profesa” que la fe implica un testimonio y un compromiso público. “El cristiano no puede pensar nunca que creer es hecho privado” aunque la profesión de fe sea un acto personal y a la vez comunitario o eclesial. Por ser un acto personal es libre y por ser un acto eclesial implica también responsabilidad social de lo que se cree.

Otro aspecto que resalta el papa es la relación que hay entre fe y razón. Recurre a unas palabra del papa Juan Pablo II en la “Fides et ratio”: “Pero la Iglesia nunca ha tenido miedo de mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad”.
Como en la carta a los Hebreos capítulo 11, el papa hace un parangón de una serie de personajes que a lo largo de la historia de la Salvación actuaron por la fe:
María acogió la Palabra del Ángel… Los Apóstoles dejaron todo… Los mártires entregaron su vida… Hombres y mujeres consagraron su vida a Cristo… Hombres y mujeres han dado testimonio de ser llamados cristianos… Nosotros vivimos por la fe en Jesucristo presente en nuestra historia…

El papa no deja de lado el testimonio de la fe en la caridad. Dice que este año será también una oportunidad para expresar nuestra fe en la entrega solidaria: “la caridad de Cristo es urgente”. Cita a Pablo y a Santiago quienes afirman que la fe sin obras no tiene sentido, está muerta. El papa textualmente dice: “La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. En efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo, marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el más importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro mismo de Cristo. Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor resucitado. «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40)”
Concluyo esta recopilación con una frase de esta carta: “Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin”.

P. Luis Hernando Gil Yépez, c.m.
Recopiló

Cuándo se que Dios me llama ..... A Vivir en su Casa

La Palabra de Dios escrita nos presenta muchos ejemplos de llamados. Pero no podemos hacer una lectura textual o literal pues caeríamos en el error al pensar que las cosas se dieron tal como aparece. Esto se presenta así en la biblia como el gran ideal. Dios no apresura los procesos, va lento pero seguro. El llamado de Dios tiene siempre mediaciones. Como quien dice, Dios se vale de acontecimientos externos a mí que de alguna manera me tocan o resuenan en mi cabeza o en mi corazón. Muchas veces Dios nos llama pero no vemos con claridad si es Dios quien me llama o son otras realidades, que aunque me interpelen, pueda que en el fondo, estar desviando la atención hacia lo que Dios espera de mí.
La Palabra de Dios tiene un texto vocacional muy hermoso que hace referencia a esta realidad y se trata de aquel hombre que dice que quiere, por sus propios medios, seguir a Jesús, pero Jesús le dice que no. El no de Jesús no es por las disculpas que saca el que quiere seguirlo, sino porque descubre en él que las motivaciones no son claras (Lc. 9,57-62). No hay que olvidar que Dios siempre llama a la vida, esta es la primera y fundamental vocación. Adquirir sentido de la vida y sensibilidad por el otro y quizás querer cambiar muchas cosas que siento que no están bien son signos primarios del llamado de Dios. En esto puede haber una confrontación de lo que yo quiero y en lo que Dios quiere de mí. De hecho, Dios quiere “dañar mis planes” porque tiene un proyecto más ambicioso y arriesgado que solo una mente sabia logra entender después. Para sintetizar, puedo decir que es el claro oscuro de la vocación. “La Vocación no es sólo lo que tú quieres ser y hacer, es ante todo lo que Dios quiere que tú seas y hagas; no es algo que tú inventas, es algo que encuentras; no es el proyecto que tú tienes sobre ti mismo, es el proyecto que Dios tiene sobre ti y que tú debes realizar”.Dios me llama cuando nadie me llama. Descubrir esto sí es más difícil. En el momento menos esperado las cosas se dan. Es el caso de David. Nadie pensaba en él, Dios en cambio lo tenía en mente.
Del que menos se espera es de quien más se espera. La novedad de Dios es sorprendente, lo que parece imposible para nosotros los hombres es posible para Dios. Esto es alentador. Por nuestra parte como animadores vocacionales, se trata de una esperanza activa que conlleva en el camino un proceso de discernimiento y de descubrir a quien proponer o inquietar hacia el seguimiento de Jesucristo. Nosotros somos mediaciones también de Dios. Los signos vocacionales pueden ser signos de los tiempos que me interpelan.
Los signos y los símbolos, requieren de una interpretación. La historia y lo que acontece en ella hay que leerla en clave de llamado. Ante lo qué está sucediendo qué quiere Dios que yo haga. La realidad quiere arrancar de mí una actitud esperanzadora frente a ella. Responder a los llamados, sensibilizarme ante los gritos de auxilio, inquietarme ante lo que está sucediendo es signo de vocación. Todo esto es la capacidad de percepción, Dios te llama, pero con ruidos silenciosos en tu interior.
Por último, sin querer agotar los signos del llamado de Dios, tengamos en cuenta que el mejor espacio para escuchar a Dios que me llama es la oración, luego, la capacidad de percibir los sonidos de Dios en la realidad (escuchar), estos implican discernimiento y capacidad de reflexión. No basta con reflexionar, es necesario la acción o el compromiso. Esto es cuestión de decisión. Si te decides, entonces le has dicho sí al Señor. “Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad”.
PASTORAL VOCACIONAL 2011

"El Seguimiento de Cristo es camino de docilidad y apertura al impulso del espíritu, a su potencia de vida, que moviliza y transforma todas las dimensiones de la existencia humana, penetrando con su fuego y su vida, gestando en el seguidor de Cristo un auténtico "discípulo y misionero" (D.A. 136)